Saturday, May 21, 2005

El cable en Andalucía

El sistema de distribución de datos por cable no es nuevo en absoluto; lleva décadas funcionando con gran éxito en países como Estados Unidos, especialmente en el campo de la televisión de pago. Sin embargo, en general, en España, y por ende en Andalucía, la introducción del cable no ha dado aún los frutos esperados. La radiodifusión (distribución de los contenidos a través del espectro electromagnético del aire) es todavía la principal forma de difusión a pesar de su gran inconveniente, la saturación -el espectro es limitado y por ello debe existir una legislación que regule el uso de las frecuencias-.
Es innegable que el cable posee numerosas ventajas respecto a otros sistemas. De hecho, hasta hace bien poco se pensaba que en éste residía el futuro de las comunicaciones. Sin embargo, en poco tiempo esta certeza ha quedado en entredicho, y los avances en otros campos han puesto de manifiesto los inconvenientes del cable. Veremos pues algunos de estos aspectos positivos y negativos:
La principal ventaja radica en la capacidad que puede soportar el sistema. La fibra ótica es el material empleado para el cableado principal -mucho más económico que el cobre de la telefonía y además no pierde información por dispersión de la luz y permite emitir a la vez varias señales-; el abonado recibe normalmente un cable coaxial. Ofrece por tanto un ancho de banda muy superior a las líneas telefónicas convencionales. La reducción de la saturación del espectro y la mayor velocidad de transmisión, son algunos de los aspectos positivos que se derivan de ello. Además, el cable es un canal de alta velocidad bidireccional, lo que permite una interacción con el usuario. Pero sin duda, una de las principales ventajas del cable es el salto cualitativo del sistema analógico al formato digital. La calidad en el producto que llega hasta el receptor es mucho mayor, y la información no es tan vulnerable como en los sistemas analógicos. Entre los servicios que ofrece el cable está por supuesto, la Televisión por cable -principal baza del sector- que proporciona una oferta de canales de pago con programaciones especializadas, Pay per View, que utiliza el canal de retorno para que el abonado puede pedir un programa a la carta; televisión interactiva, televisión educativa, cursos a distancia etc. Pero además, el cable ofrece otros muchos servicios como telefonía fija, videoconferencia e Internet por banda ancha etc. En definitiva, el cable supone la integración de Televisión digital, Internet y telefonía en un mismo soporte, aunando todos los servicios de comunicación en un solo enchufe. Por otra parte, la implantación del cable, trae consigo una función estética al permitir la eliminación de las engorrosas antenas de televisión.
Sin embargo, también son muchas las carencias y los problemas (de todo tipo) que a día de hoy dificultan el éxito del cable. Posiblemente su principal enemigo es la instalación, ya que es necesario cablear hasta las casas de los abonados, lo que supone un coste inicial muy elevado, –en la provincia de Sevilla Supercable tenía previsto invertir unos 15.000 millones de pesetas en los primeros cinco años-. Incluso en determinados lugares, como el casco antiguo de las ciudades o edificios históricos no es posible cablear.
Pero sin duda, uno de los factores más importantes para explicar este fracaso es el retraso sufrido en la llegada de este sistema a España Televisión Digital Terrestre, plataformas digitales de ADSL y Wi-Fi, PLC etc. Otros problemas son de origen tecnológico: por ejemplo, al ser un solo cable el que transmite los datos de abonado en abonado, repartiendo el ancho de banda entre varios cientos de ellos, cuando se produce un uso intensivo en el vecindario, la velocidad baja considerablemente. Además, los cables coaxiales reciben interferencias del entorno que dificultan las transmisiones y provocan errores. De otro lado, en las redes de cable coaxial, mientras que la velocidad de bajada (hacia el usuario) puede alcanzar 30 mbps, la de subida es mucho menor, (alrededor de 1 mbps). Por tanto, las empresas de comunicación no se benefician de esta tecnología. Un estudio sobre el despliegue universal de los servicios avanzados de telecomunicaciones en Andalucía desvela que las infraestructuras de redes que posibilitan el despliegue de la Sociedad de la Información sea limitado o inexistente en algunas zonas andaluzas. Este acceso a los servicios de telecomunicación ha llegado en gran parte de Andalucía pero es un tanto precario y gran parte de la población andaluza reclama un despliegue más rápido del acceso a alta velocidad, a servicios de telecomunicación etc. En Andalucía existen dos demarcaciones, concedidas a Auna –antes Supercable Andalucía- y Ono. Esta última compañía opera sólo en dos provincias: Huelva y Cádiz. La competencia es patente, e incluso se ha pensado en una posible fusión entre ambos grupos. Pero al hablar de cable en Andalucía no podemos dejar de recordar la Exposición Universal celebrada en Sevilla en 1992. Todo el recinto de la Isla de la Cartuja fue dotado anillos multiservicios de fibra óptica, televisión por cable, red digital de servicios integrados y estación terrestre de comunicación por satélites. Fue una experiencia con gran éxito qué sirvió como catalizador de las nuevas tecnologías en Andalucía

Saturday, May 14, 2005

Algunos consejos sobre cómo escribir para la web

La generalización de Internet ha traído consigo la posibilidad de que cualquiera puede escribir para la red y acceder a un público potencial casi infinito. La red permite gran flexibilidad a la hora de escribir; hay muchos estilos, desde los más formales empleados por los medios más reconocidos o las publicaciones académicas hasta aquellos no muy cuidados de las páginas personales o los blogs. En principio no parece difícil dar el salto, ¡incluso existen cursillos gratuitos para aprender a escribir en la red! Sin embargo si queremos que nuestra información no adolezca de un mínimo de calidad y sea bien recibida por los internautas debemos seguir unas cuantas reglas de oro.
En este artículo resumiremos sucintamente algunos consejos de los expertos. Pero para profundizar en el tema nada mejor que acudir a la fuente de la que beben la mayoría de los estudios relacionados: dos artículos de Jakob Nielsen, considerado el mayor experto en Cómo leen los usuarios en la web.
En primer lugar debemos tener en cuenta que el usuario no busca lo mismo en la red que en una publicación de papel. Olvidarnos de esto sería un error imperdonable, pues de antemano estaremos condenando nuestro trabajo. Debemos pues ser imaginativos y ofrecer un producto novedoso y de calidad, que aporte algo diferente al lector.
En segundo lugar debemos ser conscientes del carácter eminentemente visual de Internet. Los internautas no leen, escanean rápidamente las páginas en busca de lo que necesitan. Por tanto no basta con que nuestros contenidos sean rigurosos y estén bien redactados. La página debe causar buena impresión visual al lector a través de los colores, la organización y la claridad etc. Se trata sobre todo de ofrecer comodidad y facilidades al usuario, minimizando los inconvenientes de la lectura en pantalla. En este sentido también el texto debe resultar agradable y permitir una lectura ágil. Por lo general es mejor utilizar fondos claros y texto oscuro, así como saber jugar con las familias y el tamaño de las letras. Es preferible utilizar familias de palo seco, como por ejemplo Arial, que facilitan la lectura, y un tamaño no demasiado pequeño (entre 10 y 14) para evitar la fatiga.

Lo aconsejable es redactar textos breves, bien estructurados y organizados. Los párrafos han de ser cortos, compuestos por frases escuetas y directas que faciliten la lectura. Nos resultará más fácil redactar convenientemente si organizamos nuestro texto atendiendo al modelo periodístico de pirámide invertida. De este modo también permitimos al lector abandonar la lectura sin dejar de enterarse de lo más importante.
Una fórmula adecuada es dividir la noticia en cinco partes: título, entradilla, cuerpo de la noticia, elementos complementarios enlazados (informes, noticias relacionadas...) y participación del lector (votar la noticia, imprimirla etc.). Algo más: los textos no deben ser muy extensos –alrededor de 25 líneas-. Nielsen recomienda no escribir más del 50% de lo habitual en papel. Es preferible ofrecer lo sucinto y dejar que el lector profundice a través de los hipervínculos. Y por cierto, no está de más diferenciar los enlaces del resto del texto, colocándolos en negrita u otro color.
También es aconsejable dejar espacios en blanco entre los párrafos, para que el lector descanse la vista y no se sienta abrumado por una mancha demasiado densa y oscura. De otro lado, el uso de los colores y elementos llamativos debe estar justificado. No es conveniente abusar de las tonalidades fuertes ni de las presentaciones Flash que terminan fatigando al lector.
En cuanto al estilo redaccional, debemos tender siempre a la sencillez del lenguaje, evitando la retórica superflua pero sin caer en la ramplonería. Es mejor utilizar formas verbales activas y no abusar de las oraciones compuestas. Es aconsejable escribir pensando en un lector que no sabe nada a cerca del tema, y por tanto no debemos emplear palabras técnicas.
Algo muy importante que parece obvio: debemos aprovechar las posibilidades que nos ofrece Internet. Es decir, en lo posible debemos aderezar nuestra información con infográficos, imágenes, gráficos etc. aunque evitando que el lector se pierda en un sinfín de recursos absurdos.
Por último, es muy recomendable que nuestro sitio ofrezca al lector la posibilidad de interactuar, a través de encuestas, foros etc. Estos sencillos dispositivos generan confianza en el usuario y a la vez nos permiten conocer la opinión de nuestros lectores.
En definitiva, estos consejos básicos no son más que un granito de arena en la playa de la usabilidad. Pero aún así, esperamos que sirvan para orientar un poco a quienes deseen embarcarse en la aventura de escribir para la red.

Saturday, May 07, 2005

Periodismo digital gratuito: merece la pena luchar por ello

Antes de reflexionar lo suficiente sobre la conveniencia o no de una prensa digital de pago mi idea era clara. Y tras analizar los pros y contras más importantes mi posición continúa siendo la misma, aunque con más dudas: la información en la red debe seguir siendo gratuita.
Es cierto que hay muchos motivos por los que en principio puede resultar positivo un cambio en el modo de concebir el diario digital. Probablemente si atendemos a criterios puramente económicos, sea bastante aconsejable optar por dicho cambio, e incluso ciertos sectores hablan ya de insostenibilidad del modelo actual. Pero hoy por hoy, no cabe duda de que los usuarios son reacios a pagar por aquello que hasta ahora han obtenido de forma gratuita. Y más aún, cuando todavía es posible acceder a contenidos de calidad sin tener que pagar en la gran mayoría de los sitios web.
Sin embargo, también hay que considerar que si los diarios digitales no obtienen beneficios económicos, dificilmente las empresas informativas invertirán en la verdadera mejora del periódico en red. No olvidemos que el diario cibernético es el producto de una empresa mediática y como tal no está concebida como un bien social en sí, sino como una mercancía para ser vendida –a lectores o anunciantes, eso es lo de menos-. Hasta ahora muchos de los medios digitales que han dado el salto a Internet desde el papel no lo han hecho tanto por los beneficios económicos como por el reconocimiento que supone contar con una versión digital. De modo que estos medios se han venido conformando con los ingresos publicitarios. Pero de otro lado, hay que decir que muchos de los diarios cibernéticos no aprovechan por completo las potencialidades que ofrece Internet. Es posible que al aumentaran los ingresos de los medios digitales –por suscripción, micropagos o cualquier otro modo- las empresas invertirían en la mejora de éstos, no sólo en contenidos sino también en aprovechamiento de las posibilidades de la red.
Pero como argumenta Ramón Salaverría, el paso hacia el modelo de pago o pay-per-click sólo podrá darse con éxito si los distintos medios decidieran adoptar esta medida más o menos al unísono, algo que resulta poco probable. Y sobre todo, es necesario que los medios digitales desarrollen estrategias de diferenciación para satisfacer las demandas específicas de sus lectores. Para cobrar, deben convertirse antes en fuentes sin competencia. Pero si somos realistas debemos aceptar que la diferenciación es un valor bastante difícil de conseguir en estos días. La información en estado puro –permítaseme este concepto- es administrada por unas cuantas grandes empresas mediáticas, que en último término, buscan difundir las mismas ideas, valores y verdades.A esto debemos sumar el creciente fenómeno del la prensa gratuita, financiada totalmente por publicidad. Un tema a parte es la baja calidad de los contenidos de la mayoría de estos medios. Pero de momento, están demostrando que un medio de papel puede ser gratis. Y si puede serlo el papel que arrastra el lastre de los elevados costes, ¿por qué no ha de serlo el formato digital, mucho más barato y con audiencia ilimitada?
Hasta el momento no existe un modelo claro.
Son varias las posibilidades que ofrecen los diversos medios, y que van desde el gratis total hasta la necesidad de ser suscriptor para acceder a cualquier información, pasando por aquellos medios que no cobran, aunque requieren que el lector se identifique como usuario. Tampoco hay unanimidad a la hora de definir la forma de pago más adecuada. Una de las fórmulas que parece llamada al éxito se basa en la gratuidad del grueso de las informaciones, y el pago por aquellas otras más elaboradas y exclusivas. Esa opción es práctica, y está a medio camino entre los extremos de la gratuidad y la suscripción. Sin embargo, aprovecho esta ocasión para reivindicar un periodismo de calidad independientemente de si se cobra o no. Bastantes aspectos de la vida se clasifican por categorías.
En definitiva, considero que continuar con la gratuidad de los contenidos informativos digitales es posible y necesario. Aunque sólo sea por unos años, merece la pena luchar por ello.

Friday, April 29, 2005

Géneros del periodismo digital

Con el nacimiento de Internet como medio de comunicación masiva se hace necesaria la adaptación o trasposición de los géneros periodísticos tradicionales. Las características y posibilidades de los medios digitales (hipertextualidad, continuidad, interactividad, acumulabilidad, trastemporalidad etc.) requieren la renovación de las fórmulas heredadas de sus predecesores. Con cada medio o soporte nace una forma de contar lo que ocurre en el mundo. En este sentido ya hubo una transposición de la prensa a la radio y luego a la televisión de tal modo que los géneros históricos se transformaron y adecuaron a los nuevos medios. Sin embargo a menudo el diario digital guarda gran similitud con la edición de papel, y los textos en red no siempre están creados expresamente para el formato en que se presentan. Así, en el periódico digital sigue teniendo más peso el texto que la imagen, a pesar de las estrictas condiciones que impone la pantalla.
El tiempo medio de consulta está entre 12 y 15 segundos por página, por ello es necesario atraer la atención del lector con titulares llamativos, fotografías y color -recursos que también se emplean en el periódico tradicional- . Y lo más importante, los textos deben ser cortos, pues la página sólo muestra 25 líneas de texto, y el lector suele ser reacio a leer informaciones que pasen de esta longitud. Motivo por el que se hace necesario recurrir a la tradicional pirámide invertida (tema que ya tratamos en artículos anteriores). En principio, el lector desconoce la longitud del texto completo, algo que sí sabe en el soporte de papel, en el que además puede contextualizar la noticia junto a otras informaciones. Según los expertos una de las desventajas del diario digital es esta pérdida del sentido de globalidad.
Por ello muchos autores recomiendan que en el caso de cierta longitud se fragmente el texto y se inserten enlaces entre las distintas partes de éste. Lo cual provoca que los géneros periodísticos hipertextuales presenten distintos niveles de lectura a través de los enlaces que los fragmentan y completan. La documentación contextualizadora, la información en bruto ofrecida por la fuente y las aportaciones de los receptores son elementos habituales en los diarios en red. Debemos aclarar que los géneros más solicitados por los usuarios son las noticias y los géneros de opinión, y aunque estos también se han adaptado al nuevo soporte, los géneros que más han evolucionado son el reportaje y la entrevista. Generalmente, el ciber-reportaje no se plantea como tal desde un primer momento, sino que surge a partir de una noticia y como consecuencia de la acumulación de datos contrastados. En cuanto a la entrevista, ha surgido una nueva fórmula denominada entrevista en línea, que permite la participación del público, gracias a la comunicación con el entrevistado a través de un chat.
De otro lado, Internet también ha dado sus propios frutos, dando lugar a nuevos géneros exclusivos de los medios digitales. Tal es el caso de la infografía animada, el carrusel y el foro (éste último permite la participación de los lectores). El carrusel –procedente de la radio- permite estar informados, minuto a minuto, de lo que está sucediendo en el mundo, como si de una cronología permanentemente actualizada se tratase.
En definitiva, la clasificación tradicional de los géneros periodísticos distingue tres grupos: géneros informativos, géneros de opinión y géneros interpretativos. Esta separación y las características y funciones de cada género se mantienen en la el medio digital, sin embargo algunos autores -como María José Cantalapiedra
en un artículo publicado en la revista Telos- consideran necesaria una nueva clasificación de los géneros periodísticos cibernéticos para que éstos dejen de ser meras degeneraciones del periodismo de papel.

Friday, April 22, 2005

InfoRed: La información sin límites

¿Cómo llamar a lo que hasta ahora conocemos como periódico cibernético?
En principio parece un reto sencillo, como uno de esos juegos de ingenio de cuya dificultad no nos percatamos hasta probarlo. Sin embargo es harto complicado dotar de nombre a algo tan complejo y a la vez tan aceptado como lo es el periódico electrónico -sobre todo si intentamos no caer en términos repetidos o equívocos-.
He de decir que en principio considero que no hay motivo para cambiar de nombre a algo que la sociedad en general acepta como tal, sin mayor complicación. Es cierto que el término periódico no se ajusta por definición a lo que supone este nuevo fenómeno. Ni su soporte y formato, ni sus posibilidades, ni su margen de actualización etc. se corresponden con lo que hasta hora hemos conocido por periódico. Sin embargo, en mi opinión, que algo evolucione no siempre significa que su esencia no perdure. Los redactores que trabajan en televisión o radio son periodistas, y en cambio no escriben para un periódico. ¿Deberíamos llamarlos entonces televisionistas o radiorredactores? No, pues por simple comodidad o economía del lenguaje utilizamos el nombre que se daba al oficio mucho antes de que estos medios apareciesen.
Es cierto que por el momento existen multitud de nombres para denominar al nuevo medio -entre los que despuntan periódico digital o cibernético-, y ni siquiera los expertos llegan a una conclusión clara sobre cual sería el más adecuado entre los que se barajan. Sin embargo ninguno de los términos empleados hasta el momento causan confusión entre los usuarios pues al añadir coletillas como cibernético, digital etc. dejan clara su naturaleza y condición. Por otra parte, es sencillo para los expertos dar nombre a un nuevo invento o descubrimiento, desconocido aún por el público. Pero la tarea se complica cuando lo que queremos nombrar es reconocido y aceptado por la sociedad con un nombre -o varios, en este caso- aunque sea equivocado o incorrecto. Es muy probable que el nuevo término no fuera empleado más que por una elite de expertos y que la gran mayoría de usuarios continuara nombrando al producto como hasta ahora, con lo que nuestro intento sería un fracaso. Sin embargo, ante tan interesante rompecabezas no quisiera dejar de aportar mi granito de arena. De modo que tras largas deliberaciones he decidido bautizar al antes periódico cibernético como InfoRed.
En un primer momento pensé que una buena solución sería utilizar un acrónimo que resumiera la esencia del nuevo medio. Algo parecido a IMI o IMC -Información Multimedia Instantánea/Continua-. Pero soy conciente de que hoy en día hay una exagerada tendencia a abusar de las siglas -algo que no me gusta demasiado- y con frecuencia no sabemos ni qué significan en origen. Por ello continué buscando un nombre adecuado utilizando combinaciones de palabras relacionadas como información, periodismo, internet, multimedia etc. Es así como llegué a la conclusión de que InfoRed sería un buen nombre. Esta sencilla palabra -compuesta de información o informativo y red- resume la esencia del periódico en Internet, con todo lo que ello conlleva: hipertextualidad, información multimedia, universalidad, actualización permenente... pues todos conocemos las características y posibilidades de cuanto cicula por la red de redes. De este modo eliminamos la supeditación al periódico o diario tradicionales y avazamos hacia un concepto mucho más amplio en el que encuadrar las noticias. No es sólo un periódico, es un informativo multimedia y continuo. Además es una palabra pegadiza y sencilla de pronunciar, con lo que la posibilidad de que se extendiera es mucho mayor.

Friday, April 01, 2005

Pirámide invertida e hipertexto: viejas fórmulas y nuevas posibilidades

A lo largo de su historia el lenguaje periodístico ha ido creciendo y evolucionando de la mano de los avances tecnológicos ligados al mundo de la comunicación. Con cada nuevo medio han surgido nuevas formas de expresarse y de trasladar los hechos noticiosos al público. Pero sin duda en las dos últimas décadas esta evolución se ha multiplicado enormemente como consecuencia de la irrupción y generalización de Internet. Una de las principales características de la información en red es la hipertextualidad, que supone un gran cambio en la concepción tradicional del texto ya que supera la idea de texto lineal que sigue un esquema secuencial presentación-nudo-conclusión. Permite ligar a un texto otros muchos documentos a través de enlaces y conformar así una especie de tela de araña que funciona como la mente humana. Es decir, permite al usuario saltar de un texto a otro siguiendo su propio itinerario con gran libertad, enriqueciendo la lectura con toda aquella información a la desee recurrir y obviando aquella que no le interesa.
El principal problema es la dificultad para encontrar un lenguaje adecuado a estos nuevos soportes y posibilidades sin caer en la solución fácil de volcar los textos de la prensa de papel en la edición digital. El lector de prensa digital no busca lo mismo que en un diario convencional, y ni siquiera le dedica el mismo tiempo. Por tanto es necesario encontrar una fórmula específica para escribir en Internet; escribir en Internet; es decir, cómo el periodista debe construir el hipertexto. De otro lado, los grandes conglomerados que rigen el mercado mediático buscan el máximo aprovechamiento de sus recursos tecnológicos y humanos. Lo cual lleva a las empresas a necesitar un lenguaje periodístico capaz de cumplir con las exigencias de los diferentes medios y formatos. La multitextualidad se basa en la idea de que un periodista sea capaz de construir textos válidos para cualquiera de los medios de una empresa. Esto ahorra tiempo y esfuerzo de los profesionales y aumenta de este modo la productividad. Ante esta nueva realidad, muchos autores defienden la vigencia de la casi abandonada fórmula de la pirámide invertida. Esta forma de redactar permite recortar las informaciones para ajustarlas a cualquiera de los formatos periodísticos, desde la noticia convencional del diario de papel o digital hasta un aviso a través del móvil. Además, los cibernautas no suelen dedicar mucho tiempo a cada uno de los documentos que consultan y es muy probable que el usuario no lea el texto en su totalidad. Por ello los textos de los medios digitales deben condensar lo más interesante y atractivo al principio y ajustarse a los criterios clásicos de concisión y estructura piramidal. Sin embargo son muchos más los motivos que invitan a volver a utilizar la pirámide invertida en el marco del ciberperiodismo, como argumenta el profesor José Álvarez Marcos en el Manual de Redacción Ciberperiodística, coordinado por Javier Díaz Noci y Ramón Salaverría.
No obstante, no podemos olvidar que hoy asistimos a los primeros pasos del ciberperiodismo que, como el resto de los soportes, se irá consolidando con el tiempo, perfeccionando sus propios lenguaje y géneros. Por este motivo muchos autores, entre ellos Ramón Salaverría, director del Laboratorio de Comunicación Multimedia –MMLab- de la Universidad de Navarra,
consideran necesario buscar nuevas formas de informar en la red que permitan aprovechar intensamente las potencialidades hipertextuales de Internet. Según Salaverría los periodistas han empezado a escribir en Internet sin saber cómo hacerlo, y por ello han acudido a fórmulas ya conocidas, como la pirámide invertida. Sin embargo, para que los redactores asimilen la escritura hipertextual es necesaria una renovación de los modos de estructurar y escribir la información. El periodista debe ser mucho más consciente de los elementos informativos que conforman la noticia e identificar con qué soporte —textual, gráfico o sonoro— se informa mejor sobre cada uno de los aspectos. Un ejemplo de esto lo encontramos en la versión digital de Los Angeles Times, que suele ofrecer breves piezas textuales autónomas a propósito de una información unidas mediante enlaces hipertextuales, dando lugar a un conjunto orgánico con unidad temática.
En definitiva, es cierto que el ciberperiodista no debe estancarse, sino investigar y experimentar hasta dar con nuevas formas apropiadas. No cabe duda de que en pocos años veremos cómo el periodismo digital ha ido configurando su propio lenguaje adaptado a sus características y posibilidades. Sin embargo no debemos cerrar las puertas a fórmulas periodísticas que no por antiguas dejan de ser útiles.

Friday, March 18, 2005

Periodismo móvil: la sexta ola de la comunicación

Cuando los medios de comunicación comenzaban a sentirse cómodos con Internet, la telefonía móvil de tercera generación –UMTS- les plantea un nuevo reto. Reto aceptado por algunos como antecedente de un futuro próspero y considerado por otros como la muerte del buen hacer periodístico. La información textual para teléfonos es un servicio habitual desde hace tiempo, pero hoy podemos decir que la telefonía móvil está realmente preparada para ponerse al servicio del periodismo. Varios chaparrones tecnológicos han caído desde aquellos enormes teléfonos GSM con los que se podía hacer poco más que hablar. En efecto, el móvil fue ideado como mero medio de transmisión de voz sin reparar en sus potencialidades informativas. Pero las operadoras se percataron pronto de las posibilidades de la recepción de datos en los celulares. Primero surgió la tecnología SMS (Short Messaging Service) que alcanzó un tremendo éxito que aún persiste -especialmente entre los usuarios más jóvenes- a pesar de sus muchas limitaciones. La aparición del SMS Premium permitía ofrecer servicios de información y ocio bajo demanda, aunque en realidad esta tecnología ha tenido un desarrollo poco significativo desde una óptica periodística y, en cambio, un gran desarrollo en aplicaciones de ocio. Tras SMS llegó WAP (Wireless Access Protocol) que nació con la promesa de llevar Internet al móvil. Sin embargo esta solución fracasó como consecuencia de las limitaciones de la tecnología del momento: una lentitud desesperante, escasísima usabilidad, pantalla pequeña... Aún así, a efectos periodísticos, WAP significó un salto cualitativo ya que no tiene las limitaciones de SMS y permitía ofrecer piezas más extensas, mostrar pequeños gráficos etc. Actualmente la mayoría de los usuarios disfruta de las posibilidades de la segunda generación y media de la telefonía celular. Se trata de la tecnología GPRS (General Packet Radio Service), que permite un acceso a Internet más rápido y factura por los servicios, no por la conexión. Los nuevos terminales multimedia han multiplicado las posibilidades periodísticas gracias a un nuevo estándar nacido de la evolución de SMS, conocido por MMS (Multimedia Messaging Service). MMS permite la recepción de mensajes que combinan texto, imágenes y audio, y elimina la limitación del número máximo de caracteres. Pero el espaldarazo definitivo al periodismo móvil viene propiciado por la tecnología UMTS (Universal Mobile Telecommunication System) que conjugará telefonía móvil y conexión a Internet por banda ancha, convirtiendo los terminales en receptores de multitud de aplicaciones y servicios avanzados.
En España los servicios UMTS serán comercializados por las tres compañías de telefonía móvil que operan actualmente -Movistar, Vodafone y Amena- y una cuarta empresa desconocida hasta ahora, Xfera, aunque el servicio final que ofrecerán estas operadoras —velocidad, cobertura, precio etc— es todavía incierto. UMTS llega cargado de grandes ventajas: la transmisión de datos puede llegar a alcanzar velocidades de 2Mbps, aunque variará en función de diversas circunstancias. Esa rapidez permite dotar al móvil de gran capacidad multimedia: videoconferencias, descarga de vídeos, juegos, etc. El terminal UMTS estará siempre conectado, por lo que se podrá facturar por volumen de datos en lugar de por tiempo. Además es un sistema global que emplea redes terrestres, inalámbricas y enlaces por satélite, lo que le otorga gran movilidad y permite que el cambio de red (roaming) sea instantáneo, sin cortes en la comunicación. Como vemos UMTS abre así toda una serie de nuevas oportunidades a los medios de comunicación que tengan a bien subir a este carro. Pero no debemos olvidar que, como cada nuevo medio de comunicación, el periodismo móvil requiere una fórmula propia que llegará a madurar gracias al esfuerzo de los profesionales y a las necesidades y preferencias de los propios usuarios. No basta con volcar las informaciones vulgares, sino que es necesaria una metamorfosis de formatos y géneros y un cambio de mentalidad a la hora de seleccionar los contenidos. En los productos periodísticos para el móvil 3G deberán primar la capacidad creativa, la brevedad y el criterio de selección de texto e imagen, lo que devuelve a un lugar privilegiado las reglas del periodismo clásico, como la Asahi Shimbun, cuya fórmula resulta especialmente atractiva para el público más joven, cada vez más reacio a la prensa clásica. En mayo de 2004 Sendandsee lanzó en Noruega la primera revista para móvil; un “semanario móvil” de unas 16 páginas con información, imagen, sonido y video. En España el primero en probar suerte en este nuevo campo fue La Vanguardia, El Mundo o ABC, que ofertan boletines de información diarios, noticias de última hora, servicios micromagazines etc.

Es cierto que también existen aspectos negativos del periodismo móvil. La transmisión de noticias a través del celular obliga a sintetizar mucho las informaciones –que además carecen de contexto-, lo que redunda en una pérdida de significado. Es un tipo de información blanda, que no deja lugar al análisis. Además para acceder a estos servicios se requieren nuevos terminales, que hasta el momento son bastante caros, y otros dispositivos capaces de proporcionar los servicios UMTS. Pero pese a sus restricciones, hay periodistas que ya utilizan estos teléfonos como herramienta de trabajo gracias a sus muchas posibilidades. Por ejemplo, el nacimiento del moblog, permite la actualización de los contenidos de un blog en Internet a través de mensajes SMS y MMS. De otro lado, los móviles UMTS potencian la idea del ciudadano como colaborador en el proceso informativo. La posibilidad de hacer una foto y difundirla inmediatamente desde el mismo terminal multiplica las posibilidades del periodismo participativo.
En definitiva, se trata de una nuevo medio que más tarde o más temprano terminará por encontrar un hueco entre los usuarios. Incluso puede decirse que ayudará a crear nuevas generaciones de lectores poco o nada atraídos por la prensa tradicional. Lo cual no significa que esta nueva fórmula vaya, ni mucho menos, a terminar con el periodismo clásico, como ya se ha demostrado en numerosas ocasiones.